Me inscribí para hablar a favor del acuerdo, porque quienes integramos el Grupo Parlamentario del PRI, estamos firmemente convencidos de la nobleza de este movimiento de las mujeres mexicanas.

Apoyamos de manera decidida, incondicional y total el paro nacional que se está convocado para el próximo 9 de marzo; y le solicitamos a todas y todos los integrantes de esta legislatura que nos sumemos a sus finalidades.

Le damos todo nuestro respaldo, porque consideramos que ese movimiento constituye una genuina expresión de las mujeres de México por la inconformidad que se ha venido gestando, desde siempre, a causa de la desigualdad, la discriminación y el maltrato a la mujer.

Merece nuestra aprobación y apoyo, porque es perfectamente legal, dado que se inscribe en el marco de las garantías individuales que tutelan nuestros derechos de reunión, de asociación y de libre manifestación de las ideas.

Le damos todo nuestro respaldo, porque consideramos que ese movimiento constituye una genuina expresión de las mujeres de México por la inconformidad que se ha venido gestando, desde siempre, a causa de la desigualdad, la discriminación y el maltrato a la mujer.

Merece nuestra aprobación y apoyo, porque es perfectamente legal, dado que se inscribe en el marco de las garantías individuales que tutelan nuestros derechos de reunión, de asociación y de libre manifestación de las ideas.

Además, es un movimiento perfectamente legítimo en su origen y en sus finalidades; y es políticamente autónomo, pues no procura, no patrocina, ni encubre intereses mezquinos de individuos, grupúsculos, facciones o partidos políticos.

Ese movimiento ante todo es justo, porque nadie, en su sano juicio, podría decir que lo que buscan las mujeres con ese paro es indebido o que no trata de alcanzar lo que por naturaleza les pertenece como personas humanas.

Es la materialización de un clamor generalizado y de la más larga data; para que, de una vez, y para siempre, se termine con la violencia, el trato diferenciado, la agresión y la discriminación en su contra.

Lo percibimos como un parteaguas histórico en la vida de las luchas por la reivindicación de los derechos de la mujer mexicana, que, sin temor a exagerar, va a quedar inscrito en la Historia, en el mismo contexto que las protestas de mayo de 1886 en el movimiento obrero universal.

Quienes por miopía social o por intereses mezquinos han tratado de neutralizarlo, de minimizarlo, de ridiculizarlo, de disuadirlo y hasta de combatirlo, no son más que patéticos esquiroles, que en el marco de las alternativas que nos presenta el momento, optan por el poderoso frente al desvalido; y siempre acaban escogiendo la arrogancia de la fuerza bruta frente a las potencias espirituales de la razón y el derecho.

Una manifestación emergente, inclusiva y plural, que surgió y se mantiene al margen de premodernos esquemas de calificación geométrica de la actuación social.

En el Grupo Parlamentario del PRI, hemos optado por dar nuestra pública aprobación a la convocatoria de que las mujeres bajen las cortinas, crucen las manos y dejen de realizar sus importantes e indispensables actividades porque percibimos y suscribimos las razones de su protesta.

Las apoyamos, porque ese movimiento incluyente, apartidista, auténtico, limpio, justo y razonable, es, ante todo, un clamor contra la violencia de género, la impunidad y la deficiencia de políticas públicas reivindicativas, afirmativas y efectivas en pro de la igualdad y la equidad.

Es una potente llamada de atención que nos está señalando ya, desde ahora, que el feminicidio está escalando a niveles inaceptables; y lo que es más grave, que se está desbordando el homicidio de niñas y adolescentes.

En efecto, La filial Mujeres de la Organización de las Naciones Unidas ha establecido que cada año son asesinadas 87 mil mujeres y niñas; y que 63 por ciento de mujeres de 15 años o más han sido víctimas de algún tipo de violencia en el transcurso de su vida; y que los feminicidios crecieron más de un 137 por ciento durante los últimos cinco años.

En nuestro país, según datos del Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública durante el año pasado prácticamente todos los indicadores de la violencia contra las mujeres se dispararon, destacando los feminicidios, que pasaron de 411 a 976 en el último quinquenio.

Nuestro estado no ha sido la excepción, pues de acuerdo a la numeralia de un diario local, los homicidios de mujeres se incrementaron en un 120 por ciento, pues tan sólo en el mes de enero de este año, 53 mujeres fueron asesinadas, contra 24 del mismo mes del año anterior.

De igual manera, cada día son más frecuentes los casos de acoso y demás formas de grosera agresión a la libertad sexual de las mujeres, que junto con todos los ataques a la igualdad y a la equidad deben de desaparecer de una vez y para siempre.

Este Grupo Parlamentario, que se encuentra integrado por igual número de mujeres legisladoras que de diputados varones, apoya sin reservas este movimiento, porque es una expresión seria, responsable y formal de las mujeres de México.

Pero al mismo tiempo, nos compromete a la realización de un esfuerzo para encontrar soluciones definitivas. Un ejercicio que nos permita encontrar la forma de definir de manera clara el tipo delictivo de feminicidio para que se homologue a nivel nacional y se pueda castigar ejemplarmente a quien lo cometa; y así mismo que se busque la posibilidad de que no prescriban los delitos sexuales en contra de las mujeres, niñas y adolescentes.

Que el Gobierno Federal devuelva los 20 mil millones de pesos que suprimió para los programas destinados a la mujer, a fin de que se garantice el restablecimiento y normalización de las guarderías infantiles y de los albergues para mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar; y que, en fin, se lleve a cabo un proceso de prevención, atención y seguimiento a los justos reclamos que están realizando las mujeres de Guanajuato y de México.

Por último, hacemos votos para que el movimiento del 9 de marzo no se pervierta con la prevaricación oportunista de los intereses partidarios y que se mantenga incólume frente a la asechanza y el ataque de quienes no toleran que la ciudadanía exija los derechos que le corresponden.

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