• Es tiempo de dar un drástico golpe de timón, de reconocer que la catástrofe nos rebasó y que el desastre nos está arrollando

Guanajuato, Gto. 31 Ago. (GPPRI).- El Grupo Parlamentario del PRI en el Congreso del Estado exige al Gobierno de la República tomar medias serias, profesionales y eficaces, para evitar más contagios y que se sigan produciendo más fallecimientos por Covid-19.

A lo que no queremos acostumbrarnos es a ver morir a los nuestros, señalan las diputadas y diputados de esta bancada.

Dice el argot de los abogados litigantes, que a confesión de parte, relevo de prueba.

Si alguien confiesa expresamente alguna situación que le resulte reprochable ¿Para qué devanarse los sesos en buscar, ofrecer y desahogar pruebas en su contra, si ya reconoció abiertamente su culpabilidad?

Eso, y no otra cosa, es lo que sucedió al dedo chiquito del Presidente de la República, el doctor Hugo López-Gatell, cuando de manera espontánea y sin que nadie lo forzara, declaró que, en el escenario más catastrófico de la pandemia, en México se podría llegar hasta las 60 mil defunciones.

Y dicho marco aciago, nefasto y desastroso se presentó, por fin, el domingo 23 de agosto, cuando en el sistema de control que lleva la Secretaría de Salud, se registró y se rebasó la funesta marca de los 60 mil mexicanos fallecidos por el COVID-19.

Al último corte oficial, al viernes 28 de agosto, 63 mil 146 fallecidos.

SALUD DE MÉXICO ES UN DESASTRE

Este dato es muy grave; y para decirlo en términos del doctor López-Gatell, la simple cifra nos refleja que la salud de México es un desastre. A nuestra población le está ocurriendo una verdadera catástrofe sanitaria.

Al inicio de la actual Administración federal, el Presidente López Obrador nos prometió una salud de primer mundo, un sistema sanitario como el de los países nórdicos, una cobertura total, con una suficiente planta hospitalaria y con abasto completo de medicamentos y material de curación.

Pero luego vino la desaparición del Seguro Popular que beneficiaba a un importante sector de la población al margen de las instituciones de seguridad social, la drástica reducción presupuestaria a los Institutos Nacionales de salud, los experimentos en la adquisición consolidada de medicamentos y material de curación.

La concentración de los servicios de salud y las disminuciones presupuestarias derivaron a un inusual desabasto de medicamentos sensiblemente indispensables, como las sustancias necesarias para la quimioterapia de los niños con cáncer.

A decir de expertos tan connotados como el eminente doctor, Julio Frenk, se estaba desmantelando el sistema nacional de salud que se recibió a principios del sexenio; y en ese marco sobrevino la pandemia del Corona virus SARS- CoV -2.

Si bien ese flagelo es un azote de alcance mundial, la dimensión del mismo y los estragos ocasionados no han sido idénticos en todos los países del mundo; y es notorio que la magnitud y gravedad del desastre ha dependido de la estrategia adoptada por las respectivas autoridades sanitarias.

En nuestro país, la estrategia quedó a cargo del Doctor Hugo López-Gatell, quien desde que se comenzaron a sentir los efectos del mal, se manifestó en contra de la realización de pruebas masivas para la detección de los contagios; se ha dedicado a desacreditar de manera frívola el uso preventivo del cubrebocas; y más recientemente ha propalado la especie de que la alta incidencia de fallecimientos se debe al consumo de los doritos y las bebidas edulcoradas.

A poco más de cinco meses de estar padeciendo los efectos de la pandemia, advertimos la existencia de experiencias que, valga la expresión, y guardadas las proporciones, se pueden considerar exitosas.

Casos como el de Corea del Sur, que se dedicó a la detección y aislamiento de los infectados mediante la realización de pruebas masivas; el de Alemania, el de Singapur o el de Japón, con una población casi igual a la de México, donde la tasa de letalidad es de 1.9.

La cuestión es ¿Por qué no volver la mirada a estos y otros países donde están obteniendo mejores resultados? ¿Por qué seguir insistiendo en la necedad de que aquí se adoptó la estrategia más adecuada; y que estamos haciendo bien las cosas? Cuando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de llamar la atención a nuestras autoridades sanitarias y les está recomendando la realización de más pruebas.

¿Por qué no revisar la estrategia que se ha venido siguiendo, si la OMS acaba de incluir a México en el nada prestigioso top-ten de los países más desastrados de la pandemia?

No es tiempo de que nuestro Gobierno ande pensando en exportar la Estrategia Gatell, ni la dizque Economía moral.

CAMBIO DE ESTRATEGIA

Es tiempo de dar un drástico golpe de timón, de reconocer que la catástrofe nos rebasó y que el desastre nos está arrollando.

Los deudos de más de 63 mil mexicanos fallecidos no pueden recuperar a sus muertos, pero claman por justicia. Los que sobrevivimos, exigimos la revisión de lo que se está haciendo; y la adopción de las mejores estrategias para los meses que vienen.

Es necesario que nuestras autoridades tomen en cuenta las palabras de la doctora Carissa Etien, Directora de la Organización Panamericana de la Salud, cuando dice:

«Nos hemos ido acostumbrando al impacto de esta pandemia. Y es posible que las cifras que se informan, semana tras semana, nos estén tornando un tanto insensibles. Sin embargo, no podemos tener una actitud pasiva ante estas devastadoras pérdidas humanas. Debemos dar seguimiento a los datos y usarlos para guiar nuestra respuesta.»

El pueblo bueno y sabio se pudo acostumbrar a que desde el 7 de mayo, todos los días se llegara al pico de la pandemia, a que todas las semanas se aplanara la curva; y a que desde junio se le mostraran las figuras más extrañas como si fueran una meseta.

Pero esto no es un chiste ni un tema de memes.

A lo que no queremos acostumbrarnos es a ver morir a los nuestros. Queremos que se tomen medidas serias, profesionales y eficaces, para evitar más contagios y que se sigan produciendo más fallecimientos.

Siguenos