A 266 AÑOS DEL NACIMIENTO DE MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor, nació el 8 de mayo de 1753, en la hacienda de Corralejo, ubicada en la jurisdicción de Pénjamo, Guanajuato. Fueron sus padres, don Cristóbal Hidalgo y Costilla y doña Ana María Gallaga Mandarte Villaseñor y Lomelí.

Sacerdote culto y de avanzadas ideas que trabajo, desde su parroquia en la población de Dolores, además de ejercer generosamente su magisterio eclesiástico, emprendió tareas de gran reformador y de prócer ilustrado, llevando a la práctica sus ideas entre sus feligreses, que en su mayoría eran indígenas.

En 1808, con la invasión de España por las tropas napoleónicas y la consiguiente deposición del monarca español Carlos IV y de su hijo Fernando VII, se inició una etapa convulsa tanto en España como en América. Surgieron entonces numerosos grupos de intelectuales que discutían en torno a la soberanía y las formas de gobierno de las colonias.

Desde 1808 Miguel Domínguez, el corregidor de Querétaro había promovido la formación de un congreso americano y era partidario de una gobernación autónoma. En 1810 se reunían en torno a él varias personas que conspiraban contra la autoridad virreinal con el pretexto de una tertulia literaria. En las reuniones de Querétaro participaban, entre los que se contaban el propio corregidor y su esposa, Josefa Ortiz de Domínguez; Ignacio Allende, un oficial y pequeño terrateniente; y Juan Aldama, también oficial. Miguel Hidalgo llegó a Querétaro invitado por Allende a principios de septiembre de 1810.

Los conjurados planeaban levantarse en armas contra el virrey Venegas el primero de octubre de 1810, pero fueron descubiertos a mediados de septiembre. Cuando fue descubierta la conjura en que participaba, su firme determinación y su llamamiento a tomar las armas (el llamado Grito de Dolores, el 16 de septiembre de 1810) lo erigieron en líder de un alzamiento popular contra las autoridades coloniales.

A punto estuvo el movimiento de alcanzar y tomar la Ciudad de México; pero un error táctico, comprensible en quien no era militar ni estratega, debilitó su posición y acabó con la derrota y ejecución del cura y sus lugartenientes.

Pese al fracaso, Miguel Hidalgo puso en marcha el proceso que conduciría a la independencia de México y su figura destaca singularmente en la medida en que no hubo en su lucha un afán de poder o una defensa de los privilegios de las élites, sino un imperativo ético y un ideal de justicia social al servicio de sus conciudadanos. Por todo ello es el más admirado de los padres de la patria mexicana.

En nuestros días, necesitamos de ciudadanos que se erijan en líderes como lo fue Hidalgo, que, como él, no privilegien a unos cuantos, sino, que, con fundamentos éticos, y con un ideal de justicia social, vea por todos los ciudadanos que conforman a nuestra nación.

Hidalgo, no solo fue un hombre culto y filántropo, aplico sus conocimientos, en beneficio no solo de los más desprotegidos, sino, de todas las personas que le rodeaban, y fue más haya, sabedor de que en pocas ocasiones los que emprenden una revolución pueden ver los frutos de esta, gallarda y valientemente, acepto ser quien llamo a la misma para cambiar los paradigmas que oprimían a todos los habitantes de la entonces Nueva España.

Por lo anterior, no solo fue un hombre de buenas intenciones, fue un verdadero estadista, pues sus acciones no fueron un medio para enaltecer al hombre, sino para enaltecer a la humanidad.

Necesitamos de verdaderos estadistas que no solo vean en las acciones demagógicas un fin para galardonarse a sí mismos con la ignominia de sus actos, necesitamos mujeres y hombres que se preparen a diario en el ámbito de su ámbito de desempeño, que marquen la pauta, que gobiernen para todos, que no distingan ni discriminen, sino que nos aglutinen, que nos motiven, que nos honren y se honren con sus acciones.

Honremos al padre de nuestra patria con nuestras acciones, empecemos dando lo mejor de nosotros en nuestras familias, realizando de forma ética y profesional en nuestras labores cotidianas, para que con lo anterior, obliguemos a nuestros gobernantes a que den lo mejor de sí y que se transformen en el estadista que fue Hidalgo, no permitamos que la nación a la que Hidalgo le dio vida, ofrendando la suya, se destruya por caprichos de unos cuantos, por decisiones tomadas sin previa experticia de o que se va a hacer o dejar de hacer.

A 266 años del nacimiento de Hidalgo, hagamos que renazca en cada guanajuatense, en cada mexicano, un ciudadano ético, preparado, y que se brinde en su entorno, que no distinga para desunir, sino que lo haga para ayudar, y que le haga ver a los demás que necesitamos no de mesías, sino de estadistas que refuercen las instituciones nacionales, no que las destruyan.

La visión del estadista que fue Hidalgo, la necesitamos hoy para que nuestro Estado y nuestra nación mexicana, le brinden a nuestra ciudadanía las oportunidades de desarrollo que necesitamos todos, y que se vea recompensado el esfuerzo y la preparación, no bastan las buenas intenciones, sino concretarlas en hechos que beneficien no solo a los que las llevan a cabo, sino que sienten las bases para el desarrollo armónico de las generaciones por venir.

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