POSICIONAMIENTO DEL GRUPO PARLAMENTARIO DEL PRI SOBRE EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE LA UG

El movimiento que acaba de llevar a cabo la comunidad universitaria de Guanajuato, desencadenado por el lamentable atentado mortal sufrido por una de sus estudiantes nos deja una serie de importantes enseñanzas.

Esa lección de valor civil, de integridad moral y de calidad humana, habrá que reconocerlo, nos la han dado, desde el pupitre de la dignidad, los alumnos y alumnas que vinieron a la Universidad a aprender; y acabaron impartiendo cátedra al claustro de profesores, a la sociedad y a las distintas instancias del Gobierno.

La primera precisión que nos deja la lectura del movimiento universitario es que lo acontecido en los días pasados no es un hecho coyuntural, asilado y pasajero; que accidentalmente se haya iniciado apenas la quincena pasada.

La suspensión de clases y las emotivas manifestaciones estudiantiles llevadas a cabo son producto de un largo proceso de incubación que se había venido larvando debido a una larga serie de causas, entre las que destacan:

Una descuidada política de género, la tolerancia y el encubrimiento a la contumaz asechanza de violadores y acosadores perfectamente identificados; y, sobre todo, a la soberbia, a la incuria y a la incompetencia de algunos mandos universitarios.

Así mismo queda de manifiesto, que ante la presión social basada en la razón no se puede invocar como escudo la autonomía universitaria, la cual no es garante de inmunidad, ni mucho menos patente de corso.

La autonomía de las universidades públicas, como la nuestra, sólo sirve para que el Estado no tenga injerencia alguna en el ejercicio de las libertades de cátedra y de investigación científica y social; y desde luego, en la garantía para la apertura más ancha a todas las corrientes del pensamiento.

Otra enseñanza que nos ha proporcionado este movimiento es la posibilidad de constatar el poder de la oposición basada en la protesta legitimada por la razón y apuntalada por la resistencia civil, pacífica y ordenada.

De la misma manera pudimos constatar el despertar de la empatía social frente a la dolencia de las víctimas; lo que resulta muy gratificante, pues con el respaldo que la población ha dado a los estudiantes, queda de manifiesto que los guanajuatenses no hemos caído al grado de la insensibilidad y de la indiferencia ante el sufrimiento de la víctima, ni hemos aceptado como simple parte del paisaje la violencia que estamos padeciendo.

Estas, y otras muchas, y muy valiosas lecciones, nos han proporcionado los estudiantes de Guanajuato, las cuales no debemos echar en saco roto si queremos mantener el orden social y la armonía productiva de la sociedad guanajuatense.

Al Grupo Parlamentario del PRI le satisface la actitud responsable del Gobierno del Estado para atender las peticiones del estudiantado. Saludamos la dignidad institucional mostrada al pedir perdón pública y oficialmente.

A ese respecto, sólo nos llama la atención que, por su parte, la Rectoría general no haya hecho oportunamente lo mismo con las víctimas señaladas por los universitarios.

Se acabaron los tiempos aquellos, en los que se quería estigmatizar a los universitarios de Guanajuato, de quienes los maledicentes soltaban la especie de que, influidos por la bucólica paz que se respiraba en esta recoleta ciudad, sólo engendraban tunas, rondallas y estudiantinas.

La Colmena Legendaria abre de nuevo sus puertas. Ha terminado su justo movimiento; y éste, es justo precisarlo, no fue encabezado por la reina y en él nada tuvieron que ver los inefables zánganos.

El movimiento lo iniciaron, lo mantuvieron y lo llevaron a feliz término, sólo las abejas obreras, las que después de polinizar el ambiente político y social de Guanajuato, vuelven al panal y regresan al trabajo.

 

 

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